La mañana del Viernes de Dolores no es como la mañana del Domingo de Ramos, no tiene su magia, su embrujo, su encanto, pero tiene algo, un algo que hace que el cofrade, que el sevillano vaya sintiendo el sentir cofrade, el sentimiento que lleva desde un año esperando.
A las 18h, la Pasión se vive en la SE-30, la Semana Santa está en los barrios, las marchas se entonan en Palmete, Bellavista, Pino Montano y Heliópolis, donde todo está preparado, y donde el barrio se vuelca con su hermandad siendo éste el mayor día de luz y esplendor, de emociones en el que el barrio se viste de gala para recibir a Jesús y a su Bendita Madre.
Miles de personas se agolpan desde las horas centrales de la tarde en la Parroquia de San Isidro Labrador para ver a su amado Padre, a Jesús de Nazareth que es prendido ante su barrio de Pino Montano meciéndose a unos sones que llevan el sentir de la Calzá. Tras Él, su Madre del Amor, siempre hermosa, Amor de un barrio que llora al volver a reencontrarse con su maravilloso palio que tanto sudor y lágrimas les costó.
De Pino Montano nos vamos a Palmete, donde el sentir de un barrio obrero y humilde se ve reflejado en su Padre de la Salud y Clemencia y en su Madre de la Divina Gracia.
La emoción se siente en Heliópolis donde Jesús tiende el brazo a su Madre del Amparo, y a María Magdalena que no solo seca el rostro del Salvador sino las lágrimas de su barrio al volver a reencontarse con su amado Padre.
Bellavista, mar de ilusiones, Jesús de la Salud es Prendido ante la irada de maléficos sayones y romanos, siguiéndole su madre del Dulce Nombre.
Triana, un año más vuelve a dar lecciones de Hermandad, y este año ya, oficialmente, con hermanos nazarenos de negro que caminan por las calles de este barrio torero acompañando a su amado Padre que tallara Navarra Arteaga.
Y el Viernes de Dolores muere en la Parroquia del Sagrario, Jesús carga con la Cruz entre un mar de capirotes morados y portando La Corona de la Pasión.



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