lunes, 23 de mayo de 2011

Fue una noche sin Esperanza

A pesar de los malos presagios que ya se venían avecinando a lo largo de la semana, todas las Esperanza empezaban a fraguarse, a descomponerse, Sevilla comenzaba a darse cuenta de que la noche más especial del año estaba empezando a perder su esencia.


A una hora de la hora de salida prevista, la Hermandad del Silencio decidía no realizar su Estación de Penitencia a la S.I Catedral ante las terribles lluvias torrenciales que estaba acaeciendo sobre la ciudad de Sevilla. 


La Hermandad del Gran Poder, no dudó ni un sólo momento, y viendo la decisión tomada por la Hermandad de la calle Alfonso XII, Enrique Esquivias como Hermano Mayor de la corporación, decidió que el Señor de Sevilla que tallara Juan de Mesa no saliera este año al encuentro con el fiel, Sevilla cargaba con su particular cruz al ver como la lluvia había sido un auténtico calvario en aquella noche, reencarnado en el dulce rostro de la Virgen del Mayor Dolor, que este año lloraba por su Hijo y por Sevilla, acompañada de San Juan. Más tarde se abrirían las puertas para que la ciudad se encontrara con el Hijo de Dios.


A pesar de la gran cantidad de público que se agolpaba en las puertas de la Basílica, este año no pudo ser, y Jesús de la Sentencia y su bella Madre de la Esperanza se quedaban en su Basílica, no podía salir al encuentro con su pueblo hispalense, Sevilla lloró el llanto de su amada Madre. En la Magdalena, todo se prevía, con bastante tiempo de adelanto, Sevilla se quedaba este año sin su Madre de la Presentación y sin el maravilloso crucificado de Ocampo.

Este año no brilló la luna llena en la calle Pureza, los sones marineros hacía preveer que la Esperanza volvería a salir ante su pueblo y volvería a paliar las aguas torrenciales para hacerlas aguas de amor y Esperanza. Sevilla esperaba a su Hijo de las Tres Caídas con el izquiero por delante, pero en esta ocasión, a pesar de los intentos, no pudo ser. Estaba claro, todo había acabao. El último aliento de Esperanza se había esfumado como una nube de incienso.


Payos y gitanos se agolpaban a las puertas del Santuario de los Gitanos para esperar a su Dios Moreno y a su Madre de las Angustias. Se perdía así Sevilla a sus titulares, Sevilla perdía su último aliento. 


Esperamos desde luego, que el próximo año esté cargado de Esperanza y Salud.

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